Nuestro logotipo es un sistema compuesto por dos signos autónomos que funcionan tanto juntos como por separado:
1. El nombre Mayéutica, que expresa nuestro principio intelectual.
2. El laberinto, que materializa ese principio en forma simbólica.
No es un adorno. Es una metáfora estructural de nuestro método.
El laberinto es uno de los símbolos más antiguos de la humanidad. Aparece desde hace milenios en culturas tan diversas como Creta, Escandinavia, Indonesia, América y Rusia.
Más allá de su forma, su significado es constante:
El laberinto representa el viaje de transformación.
En numerosas culturas ha sido utilizado en ritos de iniciación, es decir, en procesos donde una persona deja atrás una identidad y emerge con otra: nacimiento, pubertad, maternidad, muerte simbólica, cambio de etapa, reconstrucción personal.
No se entra igual que se sale. Y eso es exactamente lo que ocurre con una marca bien trabajada.
Es el umbral; el instante en el que algo termina y algo nuevo está por nacer.
Es el momento de las preguntas esenciales:
– ¿Qué estamos dejando atrás?
– ¿Qué estamos a punto de alumbrar?
– ¿Por qué queremos transformarnos?
Aquí comienza el proceso de pensamiento.
Es el recorrido hacia el centro. El tránsito por lo desconocido.
El desmontaje de la identidad anterior y la construcción de una nueva.
Es el espacio de la pregunta profunda, del análisis, del cuestionamiento real.
Aquí ocurre la transformación.
Es el regreso.
El momento de ordenar, comprender e integrar lo aprendido para vivir desde una identidad más clara y coherente.
Aquí nace la nueva versión.
El laberinto de Creta
Mayéutica es el arte de hacer nacer el pensamiento.
El laberinto es el símbolo ancestral de todo proceso de transformación consciente.
Uno nombra lo que hacemos.
El otro lo representa.
Por eso nuestro logotipo no decora: explica.
Y por eso, no vendemos diseño.
Acompañamos procesos de nacimiento intelectual, estratégico y creativo.